14/09/2017 - 04/11/2017
Emanuel Seitz, 2017

El trabajo de Emanuel Seitz discurre en la inmensidad en la que Sonia Delaunay situaba al arte abstracto, aquel que para ella era relevante sólo si mediante su ritmo interminable desencadenaba el encuentro entre el pasado remoto y el futuro lejano. La misma idea sugería Guillaume Apollinaire, quien entendía que las virtudes plásticas del pintor pasaban sin duda por abarcar “de un vistazo”, el pasado, el presente y el futuro. Desde ese descomunal espacio se presenta la pintura de Seitz en su tercera exposición individual en la Galería Heinrich Ehrhardt: entre lo primigenio y lo posmoderno; lo originario y lo sutil; entre el gesto más innato y la construcción más formal.

Hay un exótico eclecticismo en estas pinturas de Seitz. Lugares dispares que contravienen las normas extendidas de las series y los conjuntos. Si bien es cierto que hay determinadas obras que se pueden agrupar en torno a colores, geometrías o estructuras, cada pieza en sí construye un universo de impulsos y reflexiones, de velocidades y tensiones, que adquieren uniformidad en su precisa contrariedad y su profunda diversidad. Solo analizando estas obras en conjunto se descubre la articulación de su pintura: calambres, espasmos e interferencias. Así, a través de lo que sucede en cada una de las obras y lo que eso mismo genera en las siguientes se trazan quebrados y discontinuos recorridos.

Si en la pintura anterior de Seitz, también enraizada en la esencial forma geométrica y la abstracción, había un hondo componente ornamental, ahora la estructura se vuelve mucho más narrativa. En exposiciones anteriores, su pintura estaba absorta en su propio ejercicio y eso era lo que la convertía en una reflexión metapictórica. Las espirales que llenaban las superficies de sus lienzos, atrapadas en sí mismas, manifestaban muy elocuentemente esa mecánica. En cambio ahora nos encontramos con una pintura que no sólo plantea una forma sino una escena. Y esa escena una narración.

La aproximación del pintor hacia el relato es mucho más intensa ahora que en su pintura anterior. En definitiva sigue tratándose de un gesto pictórico pero mucho más literario. Un gesto en el que el tema se esconde en la propia narratividad de la pintura. La forma no es tal; muda en figura y en apariencia. Los cuadros parecen lejanos reflejos de acciones o lugares que una vez fueron. Huellas humeantes de lo que pudo ser. Pero al mismo tiempo se alternan con escenas y representaciones rotundas en las que las superficies borrosas se transforman en escenas brillantes. Formas veladas que resisten y se equilibran en diferentes posiciones y pesos. Colores inéditos, únicos e imposibles, esos que como sostenía Appolinaire “cada hombre inventa”. Triángulos, semicírculos, conos o lunas que constituyen un lenguaje en el que la forma deja de ser signo para convertirse en cuerpo. Aquel que se nos descubre desde el arte egipcio y la arquitectura romana, hasta las vanguardias, las teorías del color, los fenómenos retinianos e incluso la más reciente abstracción norteamericana . Ahora más que formas hay cosas, aspectos y elementos que se escapan de su propia forma para ser figura. Ya lo apuntaba Ángel González a propósito de las reflexiones de Mallarmé sobre los sombreros: “Tenemos terciopelo, o seda, o fieltro, y una forma que a menudo no es más que la ausencia misma de forma”.

Mientras algunas escenas parecen naturalezas muertas, otras son tapices o arquitecturas. Así, los esquemas geométricos que dividen algunas superficies de las piezas en huecos o espacios, las celdas en las que parecen quedar atrapados los volúmenes y los prismas que se reparten por los cuadros construyendo pirámides, torres o puzzles, actúan como lapsos, cavidades y concavidades que dan refugio a cuerpos insólitos. Emanuel Seitz sabe ver en lo invisible y nos deja una pintura sensual que sin perder de vista las ilusiones ópticas del arte antiguo abraza con deseo las formas metafísicas. “Formas que no son sino su ausencia”.

The work of Emanuel Seitz roams the immensity in which Sonia Delaunay located abstract art, that which for her was relevant only if its interminable rhythm brought about an encounter between the remote past and the distant future. The same idea was suggested by Guillaume Apollinaire, who understood that the visual virtues of the painter undoubtedly meant taking in the scope of the past, present and future in a single “glance”. It is against that immense space that Seitz’s painting presents itself, in the artist’s third solo exhibition at the Galería Heinrich Ehrhardt: between the primordial and the postmodern; the primal and the subtle; between the most innate gesture and the most formal construction.

There is an exotic eclecticism in these paintings by Seitz. Disparate places which contravene the extensive norms for series and ensembles. Although there are undoubtedly certain works which can be grouped together by colour, geometry or structure, each piece in itself constructs a universe of impulses and reflections, of velocities and tensions, which acquire uniformity in their precise contrariness and their profound diversity. Only on analysing these works as an ensemble do we discover how his painting is joined together; cramps, spasms and interferences. As such, it is possible to trace out the broken and discontinuous threads by observing what occurs in each one of the works, and what that itself generates in subsequent pieces.

If in Seitz’s earlier painting, also rooted in essential geometric form and abstraction, there was a profound ornamental component, now the structure has become much more narrative. In previous exhibitions his painting was absorbed in its own realisation, and that was what turned it into a metapictorial reflection. The spirals which filled the surfaces of his canvasses, trapped in themselves, were an eloquent expression of that dynamic. Now, on the other hand, we find ourselves faced with a painting that not only presents form but also a scene. And that scene a narrative.

The painter’s approach to narrative is much more intense now than in his earlier painting. In short, this is still a case of a pictorial gesture, only much more literary. A gesture in which the subject is concealed in the painting’s very narrative essence. Form is not as it seems; it shifts in shape and appearance. The paintings appear to be distant reflections of actions or places that once were. Smoking traces of what might have been. But at the same time they alternate with reverberating scenes and representations in which the blurred surfaces transform into resplendent scenes. Veiled forms which resist and balance themselves in different positions and at different weights. Unparalleled, unique and impossible colours; those that, Apollinaire claimed, “each man invents”. Triangles, semicircles, cones or lunes which constitute a real language in which form is no longer a sign and becomes body. That which is revealed to us in Egyptian art through Roman architecture and right up to the vanguards, the theories of colour, entopic phenomena and even the most recent of North American abstraction. Now, rather than forms, there are things, aspects and elements which shake off their own form to become figures. As Ángel González once said of Mallarmé with regard to hats: “There is velvet, or silk, or felt, and a form which is often no more than the very absence of form”. While some scenes look like still lifes, others appear to be wall hangings or architectures. As such, the geometric patterns which divide some of the surfaces of the pieces into gaps or spaces, the cells in which the volumes and prisms distributed between the works seem to become trapped, forming pyramids, towers or jigsaw puzzles, act like lapses, cavities and concavities which give refuge to extraordinary bodies. Emanuel Seitz knows how to see in the invisible and offers us a sensual painting which, without losing sight of the optical illusions of traditional art, embraces metaphysical forms with passion. “Forms which are nothing but their very absence”.

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Emanuel Seitz - GALERÍA HEINRICH EHRHARDT, Installation view (14th September - 4th November 2017)
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Emanuel Seitz - GALERÍA HEINRICH EHRHARDT, Installation view (14th September- 4th November 2017)
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Emanuel Seitz - GALERÍA HEINRICH EHRHARDT, Installation view (14th September - 4th November 2017)
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Emanuel Seitz - ES.17.23 (2017)
Acrílico sobre lienzoAcrylic paint and pigment on canvas - 185 x 125 cm
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Emanuel Seitz - ES.17.29 (2017)
Acrílico y pigmento sobre canvasAcrylic paint and pigment on canvas - 185 x 125 cm
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Emanuel Seitz - ES.17.25 (2017)
Acrílico y pigmento sobre lienzoAcrylic paint and pigment on canvas - 185 x 125 cm
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Emanuel Seitz - ES.17.35 (2017)
Acrílico y pigmento sobre lienzoAcrylic paint and pigment on canvas - 185 x 125 cm
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Emanuel Seitz - ES.17.38 (2017)
Acrílico y pigmento sobre lienzoAcrylic paint and pigment on canvas - 185 x 125 cm
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Emanuel Seitz - ES.17.32 (2017)
Acrílico y pigmento sobre lienzoAcrylic paint and pigment on canvas - 185 x 125 cm
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Emanuel Seitz - ES.17.28 (2017)
Acrílico y pigmento sobre lienzoAcrylic paint and pigment on canvas - 185 x 125 cm
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Emanuel Seitz - GALERIA HEINRICH EHRHARDT, Installation View (14th Sept-4th Nov)