21/01/2017 - 11/03/2017
Herbert Brandl. Matterhorn Reise, 2017

La obsesión por determinados fenómenos de la naturaleza y la construcción de mitos e imágenes icónicas de algunos de sus lugares legendarios tiene uno de sus inicios más claros en el Romanticismo. Así, la disolución de los esquemas armoniosos del canon de belleza y la súbita aparición de lo sublime como forma de asumir aquello que no tenía medida, establecen a través del Romanticimo una nueva visión y una nueva relación del hombre frente a la inmensidad de la naturaleza.
En este sentido, la pintura de Herbert Brandl (Graz, 1959) ha ido desarrollando fórmulas bajo el amparo y la resonancia de estas fuentes; la naturaleza como motivo de la pintura y la tormenta, el cielo, el agua y la montaña como tema. Un tema que no es aquí únicamente referencia o reflejo visual de lo que se pinta sino que a través de su obliteración, tal y como apuntaba Georges Bataille al hablar del tema de la pintura en Manet, el tema es pintura en si misma. Pero lejos de la ausencia de significado que parecía plantear Bataille, en Brandl la pintura se hace montaña y la montaña se hace pintura.

Brandl hace de la fenomenología de la naturaleza, de su dinamismo y cambio continuado e imprevisible una técnica, un modo y un tema. La naturaleza y su transición hacia la pintura depurada en luz, color y contemplación, que en definitiva ha sido el fondo sobre el que se ha desarrollado todo un cuerpo pictórico que precisamente desde el tema pone en cuestión determinados códigos visuales de una pintura contemporánea estéril en su división de figuraciones y abstracciones.

El ojo de Brandl, conducido por su mano veloz y su rápida ejecución, atrapaba tradicionalmente al espectador en enormes masas de color que en una suerte de reflejos, luces y degradados conformaban campos abstractos de pintura que en ocasiones dejaban entrever los motivos originales de su pintura. Pero ahora, en la que es su sexta exposición en la Galería Heinrich Ehrhardt, esos aspectos generales de su pintura, que son también extrapolables a la generalidad del tema, entendida ésta como naturaleza en toda su extensión como tema de la pintura, dan un sutil vuelco para convertirse en elementos mucho más concretos. En esta serie de trabajos mostrados ahora, lo general de la naturaleza deriva en lo singular de una montaña particular. La visión icónica del Matterhorn se levanta como firme figura sobre el cielo, y su definida silueta sustituye ahora, en su negra línea afilada y en rígidos contornos de picos y cordilleras, a los fondos de su pintura anterior.

El Matterhorn, que no solo constituye una montaña mítica en el imaginario colectivo, sino que es a su vez una referencia autobiográfica de Brandl, y que determina sus primeras contemplaciones de la pintura y la montaña, se presenta en oscuras aristas frente a fondos neutros, blancos impolutos, consistentes azules o grises, lejanos ya de masas de color indefinidas, en los que el pico se eleva y asciende hasta construir una forma que alberga en la pintura todo lo que es esa montaña: nieve, frío, luz y ventisca. En esa temperatura, en el clima de su pintura, es donde reside ahora el Matterhorn. La forma y el tema como sensación.

An obsession with certain natural phenomena and the construction of myths and iconic images of legendary sites have their clearest beginnings in Romanticism. Thus the dissolution of the harmonious schemes of the aesthetic canon and the sudden emergence of the sublime as a way to approach that which had no measure establish, through Romanticism, a new vision and a new relation of man in the face of nature’s immensity.
In this sense, the painting of Herbert Brandl (Graz, 1959) has developed formulas under the protection and resonance of these sources; nature as the inspiration for painting and the storm, the sky, water and the mountain as its subject - a subject that is not only a reference or a visual reflection of that which is painted but, as pointed out by Georges Bataille in reference to the painting of Manet, it is its obliteration that makes the subject painting itself. Far from the absence of meaning seemingly posed by Bataille, however, in Brandl painting becomes a mountain and the mountain becomes painting.
From the phenomenology of nature, its dynamism and continuous and unpredictable change, Brandl fashions a technique, a mode and a subject. Nature and its transition to painting purified in light, colour and contemplation is ultimately the background on which a whole body of painting has been developed and of which the subject itself brings into question certain visual codes of sterile contemporary painting with its division of figurations and abstractions.
Brandl’s eye, driven by his swift hand and rapid execution, traditionally captured the attention of the spectator with enormous masses of colour that with certain reflections, lights and transitions formed abstract fields of paint that sometimes allowed the original motifs of the work to be devised. But now, in his sixth exhibition at the Heinrich Ehrhardt Gallery, these general aspects of his painting, which can also be extrapolated to the generality of the subject of his painting, understood as nature in its entirety, change subtly to become much more concrete. In the series of works being shown, the natural world in general arrives at the singular of a specific mountain. The iconic vision of the Matterhorn rises like a firm figure on the sky and its defined silhouette with its sharp black outline and its rigid contours of peaks and ridges now replace the backgrounds of his earlier painting.
The Matterhorn not only constitutes a mythical mountain in the collective imagination, but also an autobiographical reference for Brandl, representing his first contemplations of painting and the mountain. It is presented with dark edges set against neutral backgrounds, pristine whites, thick blues and greys that are far from indefinite masses of colour and from which the peak emerges and rises in a form that captures in the painting everything that is the mountain: snow, cold, light and blizzard. That temperature, in the climate of his painting, is where the Matterhorn now resides. Form and subject as sensation.

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Herbert Brandl - Matterhorn reise, 2017
Vista de la exposiciónExhibition view
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Herbert Brandl - Sin título (HB16HA) (2016)
Óleo sobre lienzoOil on canvas - 218 x 170 cm
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Herbert Brandl - Sin título (HB16HB) (2016)
Óleo sobre lienzoOil on canvas - 218 x 170 cm
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Herbert Brandl - Sin título (HB16HC) (2016)
Óleo sobre lienzoOil on canvas - 218 x 170 cm
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Herbert Brandl
Vista de la ExposiciónExhibition view
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Herbert Brandl - Sin título (HB16HD) (2016)
Óleo sobre lienzoOil on canvas - 200 x 300 cm
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Herbert Brandl
Vista de la exposiciónExhibition view
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Herbert Brandl - Sin título (HB16HE) (2016)
Óleo sobre lienzoOil on canvas - 120 x 90 cm
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Herbert Brandl
Vista de la exposiciónExhibition view
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Herbert Brandl - Sin título (HB16HF) (2016)
Óleo sobre lienzoOil on canvas - 250 x 150 cm