17/09/1998 - 20/10/1998
Hirsig, Harms, Jung, 1998

La obra de estos tres jóvenes artistas alemanes (Harms, 1967; Jung, 1964; Hirsig, 1966) residentes en Hamburgo y Berlín representa tres vertientes del lenguaje de la pintura contemporánea.

Bendix Harms cursa sus estudios en la Academia de Bellas Artes de Hamburgo y trabaja durante algún tiempo bajo la tutoría de Werner Büttner, artista ya veterano de la galería Heinrich Ehrhardt. El trabajo de Harms supone continuidad y ruptura. Harms pertenece a la nueva generación de artista que ha sabido retomar en sus cuadros algunos de los elementos narrativos de Büttner, pero se libera de sus limitaciones cromáticas con una gratificante efervescencia plástica y colorística. En sus cuadros, formas algodonosas de colores casi fosforescentes crean un flujo visual en el que se ven involucrados sorprendentes elementos figurativos.

Los cuadros de Stephan Jung, por otro lado, han heredado una concepción más Richteriana de la pintura. Siempre en el límite entre los medios fotográfico y pictórico, Jung parece querer acercarse a su sujeto como si utilizase una lente macro o un teleobjetivo. Nos presenta lo que parecen ser trozos o fragmentos de un todo que se nos escapa. En estos conjuntos de composiciones geométricas desenfocadas, el artista prescinde de relaciones espaciales realistas pero se mantiene, sin embargo, en el ilusionismo tridimensional. El resultado es un estallido de formas flotantes (en este caso, discos y aros) en el que el volumen de los objetos parece estar definido por la forma en la que la luz acaricia su superficie.

La pintura de Hirsig se caracteriza también por la combinación de formas y géneros un tanto híbridos. Sus imágenes revelan un interés por la arquitectura de Franck Lloyd Wright y por los muebles de Saarinen, Kiessler y Frank Gehry, entre otros. Los contornos de estos muebles de diseño, tan característicos de las distintas décadas que los produjeron, se superponen con patrones geométricos que vagamente evocan en nuestra memoria una época mas ye-yé. En la heterogeneidad de sus imágenes, Hirsig condensa un sinfín de referencias arquitectónicas manteniéndose sin embargo al margen de una rigidez de planteamientos o de un purismo histórico o conceptual, infundiendo cada una de sus piezas con un vibrante dinamismo formal.