11/11/2016 - 14/01/2017
Ulrich Rückriem. Works, 2016

La escultura de Ulrich Rückriem (Dusseldorf, 1938), protagonista ahora de la que es su quinta muestra individual en la Galería Heinrich Ehrhardt, parte del trabajo artesanal de la talla de piedra. Desde ahí, en lo más esencial de las prácticas derivadas de dicho oficio, cortar, partir, limar, alisar o pulir, arranca el lenguaje físico, poético y formal de Rückriem. El propio material sitúa en un primer plano las cuestiones más elementales de la escultura. En la intervención mínima sobre la piedra, a veces cortando, a veces dividiendo, en ocasiones retirando y en otras alterando, se abren enormes interrogantes sobre la esencia de lo escultórico y la necesidad de lo artístico.

Rückriem, quién se aproximó e intervino de manera significativa en el curso de la escultura postvanguardista a finales de los años sesenta a través de una primera y célebre pieza en la que diseccionaba un bloque de piedra mediante cinco cortes, construyó el lugar de su escultura absorbiendo distintas posiciones que por un lado provenían de la vanguardia, cuando la escultura moderna no se había despegado aún de la figura y por otro, de ese momento crucial en el que la escultura dejaba de ser volumen para dar paso a construcciones del espacio. Rückriem y otros artistas de su generación (Carl André o Sol LeWitt) ofrecieron, desde formas simples, una clara lectura de cómo se organiza y genera la escultura desde su propia naturaleza.

Desde una “excepcional legibilidad y transparencia” del lenguaje escultórico, como advirtió en su momento el crítico y comisario R.H. Fuchs, Rückriem revive ciertas metáforas del clasicismo, en su interpretación del misterio y del poder de la piedra, pero en este caso trasladado a los volúmenes abstractos. Existe una máxima, un esquema repetido en su escultura que vuelve a ser recurrente en esta muestra. El bloque de piedra natural permanece visible como origen; y su organismo se aleja de simuladas fórmulas simbólicas. En todas las series de su trabajo, estelas, columnas, cubos, relieves de suelo o relieves de pared, la escultura es autónoma, independiente, y no forma parte de una estructura arquitectónica mayor sino que en su más honda definición reúne la esencia del corte y la talla artesanal en una cantera.

En esta ocasión las dos piezas escultóricas que componen esta muestra constituyen diversos ensayos sobre los modos de cortar, seccionar, fraccionar o dividir la piedra. Una de las piezas es una piedra arenisca de dolomita Anröchte, rectangular y vertical, con un corte a sierra en su base que permite realizar una sección recta y estable y otro corte a cuña que permite que la piedra rompa siguiendo sus vetas estructurales naturales. La otra pieza la conforma un grupo de piedras en forma de cubos con cinco caras cortadas a sierra, mostrando una textura más suave y plana, y una cara natural en la que se hace visible la aspereza y rugosidad de la dolomita, y cuya composición geométrica que ocupa el área de un cuadrado y sus posibilidades matemáticas basadas en el juego del ajedrez, permiten noventa y dos posiciones alternativas posibles. Finalmente, como complemento a esta serena presentación, en la línea de la radicalidad de su escultura, Rückriem muestra un conjunto de dibujos en las que un rectángulo de color ocupa el centro de un papel de otro color para formar una composición geométrica que remite directamente, al igual que el resto de la muestra, a un estado primigenio de su concepción del arte.

Cada piedra y cada corte, cada posición concreta de las piezas distribuidas en el espacio de la galería concentran y responden de forma natural y pura al germen de la escultura de Rückriem.

The sculpture of Ulrich Rückriem (Düsseldorf, 1938), now the protagonist of what is his fifth solo exhibition at the Galería Heinrich Ehrhardt, takes the artisan work of stone carving as its point of departure. From there, the physical, poetic and formal language of Rückriem takes flight in what is most core to the practices derived from said trade; cutting, splitting, sanding, smoothing or polishing. The material itself puts the most elemental questions of sculpture at the forefront. In his minimal working of the stone, sometimes cutting, sometimes dividing, on occasions removing and at others altering, enormous questions are raised regarding the essence of the sculptural and the need of the artistic.

Rückriem, who was both closely associated with, and significantly involved in, the course of post-avant-garde sculpture at the end of the Sixties, through his early and celebrated work in which he dissected a block of stone through five cuts, built up a place for his sculpture by absorbing different positions which on the one hand originated in the avant-garde, when modern sculpture had not yet freed itself of the figurative and, on the other hand, in that crucial moment at which sculpture stopped being volume and gave way to spatial constructions. Rückriem and other artists of his generation (Carl André or Sol LeWitt) offered, in simple forms, a clear reading of how sculpture is organised and generated from within its own nature.

Through an “exceptional legibility and transparency” of the sculptural language, as the critic and curator R.H. Fuchs observed, Rückriem revives certain metaphors of classicism in his interpretation of the mystery and power of the stone, but in this case translated to abstract volumes. There is a maxim, a motif, which is repeated in his sculpture and is once again recurrent in this show of his work. The block of natural stone remains visible as an origin, and its organism distances itself from symbolic formulas. In all of the series throughout his oeuvre, steles, columns, cubes, floor or wall reliefs, the sculpture is autonomous, independent; it does not form part of a greater architectural structure but, in its profound definition, brings together the essence of the artisan cutting and carving happening in a quarry.

On this occasion the two pieces of sculpture making up the exhibition constitute diverse trials in the mode of cutting, sectioning, splitting or dividing the stone. One of the pieces is Anröchte dolomite sandstone, rectangular and vertical, with a saw cut at its base which makes it possible to carry out a straight and stable section, and another, wedge cut, which enables the stone to break along its natural structural veins. The other piece is made up of a group of stones in the form of cubes with five sawn faces, showing a smoother and flatter texture, and one natural face in which it is possible to see the rough and rugged nature of the dolomite, and whose geometric composition occupying the area of a square, and mathematical possibilities based on the game of chess, allow for 92 possible alternative positions. Finally, as a complement to this serene composition, in the line of his sculpture's radical nature, Rückriem displays a series of drawings in which a coloured rectangle occupies the centre of a sheet of paper of a different colour to form a geometric composition which, like the rest of the exhibition, refers back to the primitive state of his conception of art.

Each stone and each cut, each specific position of the pieces arranged over the space of the gallery, concentrate and respond naturally and purely to the seed of Rückriem's sculpture.

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Ulrich Rückriem - 'Ulrich Rückriem. Works, 2016'
Vista de la exposiciónInstallation view
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Ulrich Rückriem - Sin título (cuña) (2016)
Dolomita de Anroechte, cortada a cuña - 188 x 107 x 57 (base) / x 7 (cabeza) cm
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Ulrich Rückriem - Sin título (conjunto de 25 dibujos) (2015)
Pastel de óleo sobre papel - 21 x 19,5 c/u
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Ulrich Rückriem - El problema de la dama (2016)
- 8 cubos. 25 x 25 x 25 c/u
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Ulrich Rückriem - Vista de la instalación